martes, 12 de agosto de 2014
El ganador...
Bandidos asaltan la ciudad de Mexcatle y ya dueños del botín de guerra emprenden la retirada. El plan es refugiarse al otro lado de la frontera, pero mientras tanto pasan la noche en una casa en ruinas, abandonada en el camino.
A la luz de las velas juegan a los naipes. Cada uno apuesta las prendas que ha saqueado. Partida tras partida, el azar favorece al Bizco, quien va apilando las ganancias debajo de la mesa: monedas, relojes, alhajas, candelabros...
Temprano por la mañana el Bizco mete lo ganado en una bolsa, la carga sobre los hombros y agobiado bajo ese peso sigue a sus compañeros, que marchan cantando hacia la frontera. La atraviesan, llegan sanos y salvos a la encrucijada donde han resuelto separarse y allí matan al Bizco. Lo habían dejado ganar para que les transportase el pesado botín.
lunes, 11 de agosto de 2014
El árbol que no sabía quién era...
Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales,... Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices. Excepto un árbol que se sentía profundamente triste. Tenía un problema: no daba frutos.
-No sé quién soy... -se lamentaba-.
-Te falta concentración... -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas... ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas...
-No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¡¡Mira qué bonitas son!!
Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada vez se sentía más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves. Al ver la desesperación del árbol exclamó:
-No te preocupes. Tu problema no es tan grave... Tu problema es el mismo que el de muchísimos seres sobre la Tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo tal como eres. Para conseguir esto, escucha tu voz interior...
¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?... -se preguntaba el árbol angustiado y desesperado-.
Después de un tiempo de desconcierto y confusión se puso a meditar sobre estos conceptos.
Finalmente un día llego a comprender. Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior susurrándole:
"Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y belleza al paisaje. Esto es quien eres. ¡Sé quien eres!, ¡sé quien eres!..."
Poco a poco el árbol se fue sintiendo cada vez más fuerte y seguro de sí mismo. Se dispuso a ser lo que en el fondo era. Pronto ocupó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Solo entonces el jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.
domingo, 10 de agosto de 2014
Las mentiras tienen patas cortas...
A mi padre le regalaron una armónica cuando tenía 15 años. Él nunca aprendió a tocarla. En su casa estaba lleno de libros en francés y alemán; pero él jamás balbuceó una sola palabra en otro idioma. Sin embargo, me decía que hablaba esos idiomas a la perfección y que de niño era el mejor de su clase con ese instrumento.
Cuando yo tenía 10 años le pedí que me enseñara a tocar la armónica. Me miró con los ojos apagados y presa de la vergüenza y me confesó que no sabía tocarla.
Desde entonces sólo una pregunta se aloja en mi mente cada vez que pienso en mi padre. ¿Por qué había estado mintiéndome todo ese tiempo? Hace unas semanas me lo contó todo.
Cuando mi padre era chico su madre le decía que ella sabía muchísimas cosas que él no tenía ni siquiera idea de que existían; cuando él le preguntó, siendo ya mayor, por qué le había mentido, su respuesta fue clara: “el poder lo inventamos y lo mantenemos forzando las palabras, llevando al límite el sentido de la verdad“. Y él agrego: “Es decir, creando una realidad donde hagamos ciertas aquéllas cosas que en el fondo de nuestra alma sabemos que no lo son”.
Esta tarde, mi hija de 7 años ha visto la armónica que guardo en uno de los cajones de mi escritorio y me ha pedido que le toque una canción; mientras lo hacía pensaba en mi padre: en lo mucho que se había perdido por no aprender a tocar ese instrumento bellísimo y, sobre todo, por haberme mentido.
Hace muchos años que no lo veo; debe tener el pelo del color de la abuela, blanco y rígido. Nada se resiste al paso del tiempo; por mucho que luchemos contra la verdad ella siempre tiene la última palabra.
sábado, 9 de agosto de 2014
La cierva y la viña...
Una cierva era perseguida por unos cazadores y se refugio bajo una viña. Pasaron cerca los cazadores, y la cierva, creyéndose muy bien escondida, empezó a saborear las hojas de la viña que la cubría.
Viendo los cazadores que las hojas se movían, pensaron muy acertadamente, que allí adentro había un animal oculto, y disparando sus flechas hirieron mortalmente a la cierva. Ésta, viéndose morir, pronunció estas palabras:
- ¡Me lo he merecido, pues no debí haber maltratado a quien me estaba salvando!
viernes, 8 de agosto de 2014
Una insensata búsqueda...
Una mujer estaba buscando afanosamente algo alrededor de un farol. Entonces un transeúnte pasó junto a ella y se detuvo a contemplarla. No pudo por menos que preguntar:
-Buena mujer, ¿qué se te ha perdido?, ¿qué buscas?
Sin poder dejar de gemir, la mujer, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:
-Busco una aguja que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz, he venido a buscarla junto a este farol.
jueves, 7 de agosto de 2014
La fuerza del deseo...
El yoga Ramakrishna ilustra, mediante una parábola, la intensidad del deseo que debemos tener:
El maestro llevó al discípulo a las proximidades de un lago.
Hoy voy a enseñarte qué significa verdadera devoción – dijo.
Le pidió al discípulo que entrase con él en el lago y, sujetándole la cabeza, se la empujó bajo el agua.
Transcurrió todo un minuto y, a mitad del segundo, el muchacho comenzó a debatirse con todas sus fuerzas para librarse de la mano del maestro y poder volver a la superficie.
Al final del segundo minuto, el maestro lo soltó. El muchacho, con el corazón acelerado, consiguió erguirse, jadeante.
¡Usted ha querido matarme! – gritaba.
El maestro esperó a que se calmara, y dijo:
- Si hubiera querido matarte, lo habría hecho. Sólo quería preguntarte qué sentías mientras estabas bajo el agua.
- ¡Yo sentía que me moría! ¡Todo lo que deseaba en esta vida era respirar un poco de aire!
- Se trata de eso exactamente. La verdadera devoción sólo aparece cuando tenemos un único deseo y llegaremos a morir si no conseguimos realizarlo.
miércoles, 6 de agosto de 2014
Un niño...
“Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.
Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! - pensó el niño, - me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.
Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.
Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a moldear un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo: ¿No quieres empezar tu dibujo? Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer? No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra. ¿Y cómo lo hago? - preguntó. Como tú quieras contestó. ¿Y de cualquier color? De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo? Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.”
martes, 5 de agosto de 2014
El pescador...
En cierta ocasión iba un ejecutivo paseando por una bonita playa vestido con sus bermudas (de marca), sus gafas de sol (también con marca muy visible), su polo (con mucha marca), su gorra (con marca destacada), su reloj (de marca y carísimo), su calzado deportivo (donde todo era marca), su móvil colgado de la cintura (el móvil con marca y la bolsa en la que colgaba, también) y su gomina en el pelo ( sin marca, pero tan abundante que uno podía adivinarla).
Eran las dos del mediodía cuando se encontró con un pescador que felizmente recogía sus redes llenas de pescado y amarraba su pequeña barca. El ejecutivo se le acercó…
- ¡Ejem! Perdone, pero le he visto llegar con el barco y descargar el pescado… ¿No es muy temprano para volver de faenar?
El pescador le miró de reojo y, sonriendo mientras recogía sus redes, le dijo:
- ¿Temprano? ¿Por qué lo dices? De hecho yo ya he terminado mi jornada de trabajo y he pescado lo que necesito.
- ¿Ya ha terminado hoy de trabajar? ¿A las dos de la tarde? ¿Cómo es eso posible? – dijo incrédulo, el ejecutivo.
El pescador, sorprendido por la pregunta, le respondió:
-Mire, yo me levanto por la mañana a eso de las nueve, desayuno con mi mujer y mis hijos, luego les acompaño al colegio, y a eso de las diez me subo a mi barca, salgo a pescar, faeno durante cuatro horas y a las dos estoy de vuelta. Con lo que obtengo en esas cuatro horas tengo suficiente para que vivamos mi familia y yo, sin holguras, pero felizmente. Luego voy a casa, como tranquilamente, hago la siesta, voy a recoger a los niños al colegio con mi mujer, paseamos y conversamos con los amigos, volvemos a casa, cenamos y nos metemos en la cama, felices.
El ejecutivo intervino llevado por una irrefrenable necesidad de hacer de consultor del pescador:
- Verá, si me lo permite, le diré que está usted cometiendo una grave error en la gestión de su negocio y que el “coste de oportunidad” que está pagando es, sin duda, excesivamente alto; está usted renunciando a un pay-back impresionante. ¡Su BAIT podría ser mucho mayor! Y su “umbral de máxima competencia” seguro que está muy lejos de ser alcanzado.
El pescador se lo miraba con cara de circunstancias, mostrando una sonrisa socarrona y sin entender exactamente adónde quería llegar aquel hombre de treinta y pico años ni por qué de repente utilizaba palabras que no había oído en su vida. Y el ejecutivo siguió:
- Podría sacar muchísimo más rendimiento de su barco si trabajara más horas, por ejemplo, de ocho de la mañana a diez de la noche.
El pescador entonces se encogió de hombros y le dijo:
- Y eso, ¿para qué?
- ¡¿Cómo que para qué?! ¡Obtendría por lo menos el triple de pescado! ¡¿O es que no ha oído hablar de las economías de escala, del rendimiento marginal creciente, de las curvas de productividad ascendentes?! En fin, quiero decir que con los ingresos obtenidos por tal cantidad de pescado, pronto, en menos de un año, podría comprar otro barco mucho más grande y contratar un patrón…
El pescador volvió a intervenir:
- ¿Otro barco? ¿Y para qué quiero otro barco y además un patrón?
- ¿Que para qué lo quiere? ¡¿No lo ve?! ¿No se da cuenta de que con la suma de los dos barcos y doce horas de pesca por barco podría comprar otros dos barcos más en un plazo de tiempo relativamente corto? ¡Quizá dentro de dos años ya tendría cuatro barcos, mucho más pescado cada día y mucho más dinero obtenido en las ventas de su pesca diaria!
Y el pescador volvió a preguntar:
- Pero todo eso, ¿para qué?
- ¡Hombre! ¡¿Pero está ciego o qué?! Porque entonces, en el plazo de unos veinte años y reinvirtiendo todo lo obtenido, tendría una flota de unos ochenta barcos, repito, ¡ochenta barcos! ¡Qué además serían diez veces más grandes que la barcucha que tiene actualmente!
Y de nuevo, riendo a carcajadas, el pescador volvió:
- ¿Y para qué quiero yo todo eso?
Y el ejecutivo, desconcertado por la pregunta y gesticulando exageradamente, le dijo:
- ¡Cómo se nota que usted no tiene visión empresarial ni estratégica ni nada de nada! ¿No se da cuenta de que con todos esos barcos tendría suficiente patrimonio y tranquilidad económica como para levantarse tranquilamente por la mañana a eso de las nueve, desayunar con su mujer e hijos, llevarlos al colegio, salir a pescar por placer a eso de las diez y sólo durante cuatro horas, volver a comer a casa, hacer la siesta,…?
El pescador respondió:
- ¿Y eso no es todo lo que tengo ahora?
lunes, 4 de agosto de 2014
Buenos vecinos...
Al señor Eurípides todos lo odiaban. Los adultos no dejaban escapar ninguna oportunidad en la que pudieran decir que era un mal hombre, y los niños le tenían tal temor que el sólo hecho de oír su nombre era motivo para exasperarse y pedir compungidos la cercanía de sus madres. Nadie sabía qué era lo que había hecho tan malo para tener semejante reputación, pero no preguntaban. Si lo dicen por algo será, decían.
Al principio, Eurípides ponía de su parte para cambiar esa mala fama; hacía regalos que eran tomados por los vecinos como amenazas; ofrecía fruta de su huerta que todos rechazaban por considerar envenenada y hasta saludaba a cada uno de los pobladores por su cumpleaños obsequiándoles algo. Demás está decir que sus regalos iban a parar directamente a la basura. Finalmente, desistió de sus intentos y se fue recluyendo más y más. Hasta permanecer días y noches encerrado en su pequeña chacra.
Cierta vez la hija de uno de los campesinos, que vivía muy cerca de la casa del señor Eurípides, enfermó gravemente. Toda la familia tuvo que irse a la ciudad y abandonar sin previo aviso la casa. Finalmente pudieron regresar, pero había pasado mucho tiempo y esperaban encontrarse la casa en ruinas, la cosecha totalmente perdida y todo el terreno cubierto de malezas. Sin embargo, al llegar se encontraron con que todo funcionaba perfectamente, incluso mejor que antes. Los vecinos se turnaban en regar la huerta, de dar de comer a los animales y de cuidar que todo estuviera en orden.
Embargado de felicidad el padre de la niña se acercó a uno de los vecinos que estaba en la casa cuando él llegó y le agradeció absolutamente conmovido. ´Fue cosa del Eurípides, a él dele las gracias´. El hombre corrió a casa de su vecino y esta vez no tuvo en cuenta sus prejuicios y los miedos diseminados por todo el lugar en torno a la moral de aquel hombre. Golpeó suavemente con los nudillos y esperó. Pero Eurípides se había marchado para no regresar nunca más.
domingo, 3 de agosto de 2014
La esposa sorda...
Un tipo llama al médico de cabecera de la familia:
-Ricardo, soy yo, Julián.
-Ah, ¿qué dices, Julián?
-Mira, te llamo preocupado por María.
-Pero, ¿qué pasa?
-Se está quedando sorda.
-¿Cómo que se está quedando sorda?
-Sí, necesito que la vengas a ver...
-Bueno, la sordera en general no es una cosa repentina ni aguda, así que el lunes tráemela al consultorio y la reviso.
-Pero, ¿te parece esperar hasta el lunes?
-¿Cómo te diste cuenta que no oye?
-Porque la llamo y no contesta...
-Mira, puede ser una tontería como un tapón en la oreja. A ver, hagamos una cosa, vamos a detectar el nivel de sordera de María. ¿Dónde estás tú?
-En el dormitorio.
-Y ella, ¿dónde está?
-En la cocina.
-Bueno, llámala desde ahí.
-MARÍAAAA...No, no escucha...
-Bueno, acércate a la puerta del dormitorio y grítale por el pasillo.
-MARÍAAAAAA.....No, viejo, no hay caso...
-Espera, no te desesperes. Toma el teléfono inalámbrico y acércate por el pasillo llamándola para ver cuándo te escucha.
- MARÍAAAAAAAAA, MARÍAAAAAAAA, MARÍAAAAAAAA....No hay caso Doctor...
Estoy parado en la puerta de la cocina y la veo, está de espaldas lavando los platos, pero no me escucha. MARÍAAAAAAAAAA.....No hay caso...
-Acércate más.
El tipo entra en la cocina, se acerca a María, le pone una mano en el hombro y le grita en la oreja: ¡MARÍIIA!
La esposa furiosa se da la vuelta y le dice:
-¿Qué quieres? ¿QUÉ QUIERES, QUÉ QUIEREEEEEEEEEEES? Ya me llamaste como diez veces y diez veces te contesté... ¿QUÉ QUIERES?...Tú cada día estás más sordo, no sé por qué no consultas al médico de una vez...
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